Español | Italiano | Francais | English Archivo Multimedia Glosario Anterior 5 de 7 Siguiente



La Travesía de los Alpes: Tentativa del Cruce de los Alpes

chavezDespués del envio de la notificación a los Comisarios de la prueba, Chávez , junto a Duray y su mecánico Mazeran, hicieron sus últimas revisiones de lo necesario para el día siguiente y luego se retiraron a sus alojamientos a descansar. La noche transcurrió tranquila y el día lunes 19 de septiembre amaneció bastante bién. Chávez y su equipo se trasladaron del hotel al campo de vuelo. El hangar asignado a Chávez, en donde flameaba la bandera del Perú, a las 05:45 horas abrió sus puertas y el monoplano Bleriot XI hizo su aparición, siendo trasladado y colocado en la cabecera del campo de vuelo de Briga. El joven aviador, premunido de su ropa de vuelo especial muy bien acolchada, sus manos enguantadas y su cabeza cubierta con el casco de cuero y sus ojos protegidos con sus lentes de vuelo, efectuó la última revisión de su aparato y se instaló en el asiento de la cabina, ubicando con cuidado su barómetro y sus telares con mapas, además de las anotaciones y croquis de detalle, que él había preparado con mucho esmero. Estando todo listo, levantó la mirada, dió la señal a su mecánico Mazeran para el arranque del motor. Al arranque del mismo se dejó escuchar el ruído que éste producía, poniendo en alerta al público que en esos momentos se encontraba presente en el campo de vuelo y también a los comisarios que habían concurrido al campo por el aviso dado la noche anterior. Luego, el joven aviador, levantó los brazos, en señal de soltar todo, y el aeroplano Bleriot XI inició la carrera para el despegue. Unos cuantos trotes en el campo y el monoplano se hizo al aire a las 06:16 horas con 10 segundos del día lunes 19 de septiembre de 1910. Con ello se efectuó, en el campo de Briga, la primera partida oficial registrada por los comisarios de la prueba.

sobrevolando el SimplonEl Bleriot de Chávez suavemente despegó del campo, ascendiendo en espiral para tomar altura sin problema hasta los 1,800 metros. A los 2,000 metros pasó al lado del nevado Aletsch en donde sintió fuertes golpes de viento. Al alcanzar los 2,200 metros, se encontraba ya sobre el Simplón, el motor Gnome de 50 HP funcionaba muy bién. Para evitar unas nubes ascendió a los 2,500 metros, pero más adelante se apreciaban nubes negras con fuertes vientos que no tardaron en sacudir al frágil Bleriot de Chávez lanzándolo 60 metros hacia abajo, para luego una corriente ascendente llevarlo 100 metros arriba. El piloto se vió obligado a aferrarse a los mandos de su avión ya que en su asiento no disponía de arneses de seguridad. El Bleriot quedó dominado por los vientos y a merced de ellos, teniendo Chávez que forzar al monoplano para virar y poder salir del torbellino en el que se encontraba, iniciando un rápido descenso para retornar al punto de partida.

Después de esta tentativa del cruce de los Alpes, Jorge Chávez le dijo a su amigo Joseph Christiaens lo siguiente: “Dar la vida para no lograr nada sería estúpido. Darla para vencer, esto es hermoso”. Extraordinarias palabras que brotan de los labios de una persona que tiene un claro concepto de lo que es el heroísmo. Chávez sabía perfectamente que el reto que enfrentaba acarreaba serios peligros, peligros estos, que no fueron barrera ni tampoco obstáculo, para que mas tarde, el intrepido y valiente aviador, emprendiera la gloriosa hazaña del cruce de los imponentes Alpes.

Jorge Chávez relató a Arturo Mercanti, Comisario de la Prueba, todos los detalles sobre el primer intento del cruce de los Alpes del día 19 de Septiembre de 1910.

Lo relatado por Jorge Chávez a Arturo Mercanti, fue lo siguiente:

“He salido esta mañana basándome en la información de que en el Simplón reinaba el buen tiempo. Yo sabía perfectamente, por los boletínes, que en Italia el tiempo era pésimo. Tenía la intención de aterrizar sobre el Simplón si el tiempo me hubiese impedido proseguir y aprovechar de los términos del reglamento para reanudar mi vuelo, bien esa misma noche, bien al día siguiente, tan pronto como la atmósfera me lo hubiese permitido.”

“La subida en espirales, cómo ha podido usted ver, ha sido rápida. Todo marchaba perfectamente bien. Hasta los 1,800 metros, no percibí ni una sola corriente. Cuando estuve a 2,000 metros, pasando al lado de la enorme masa de hielo del Aletsch- usted debe de haber tenido la impresión de que yo volaba por encima de él- comencé a sentir a un costado fuertes golpes de viento. Seguí maniobrando los equilibradores para alcanzar por lo menos los 2,200 metros, cuando estuve ahí, atravesé el anfiteatro que se ofrecía a mi vista, dirigiéndome sobre el Simplón, surcando la cresta del Tunnetsch. Sobre el valle del Ródano, había ya una fuerte corriente. El lanzamiento de un globo me hubiera advertido a tiempo. Esto me obligó a prestar toda mi atención para conservar el equilibrio y aumentar en lo posible la altura.”

“ El motor funcionaba perfectamente a los 2,200 metros. La lubricación, gracias a la fajadura de las tuberías, no experimentaba ninguna interrupción; en cuanto a mí mismo, mi traje especial no me dejaba sentir frío.”

“ Surcando el espolón, vi el Hotel del Simplón por un momento, pues unas nubes bajas se agruparon en ese sitio. Quise superar el contorno superior de esa masa de vapor y me elevé gradualmente para alcanzar los 2,500 metros. Cuando estuve a esa altura y creía poder superar esas nubes así como el Paso, vi muchas nubes negras que se acercaban, precedidas por un viento sumamente violento. Este viento me arrojó primero a unos 60 metros mas abajo de la altura donde volaba y le confieso que tuve que agarrarme con todas mis fuerzas al timón para no precipitarme en el vacío. Luego la corriente me levantó a unos cien metros, llevándome hacia el nevado del Kaltwasser. En ese momento, envuelto en un torbellino espantoso, perdí el control del aparato. Mi Bleriot no era mas que un juguete que subía y bajaba según el capricho del viento. Me creía perdido. Sin embargo, en un esfuerzo desesperado, logré dar una vuelta a la izquierda y salir del remolino fatal. Lo demás lo conoce usted.”

“ He decidido no prestar ya ninguna fe a las comunicaciones del profesor Maurer o de sus encargados. Cuando la vida está de por medio, es una locura proceder en la forma en que lo han hecho. Pondré a Christiaens en el Simplón; él me dirá si el Paso y el valle están en condiciones de poder efectuar el vuelo. Porque la tentativa de esta mañana me ha convencido de que la travesía es perfectamente factible. La cuestión estriba en conocer el momento más apropiado.”

“ De todos modos pienso salir mañana por la mañana. Estoy decidido.”

La decisión que hizo Chávez, en su narración a Arturo Mercanti, tuvo que ser postergada hasta el día 23 de Septiembre, debido a que los días que siguieron al primer intento, fueron de mal tiempo en toda la ruta, teniendo que cancelarse todas las programaciones de vuelo para la travesía de los Alpes. Solo Weyman realizó vuelos de prueba de su avión biplano Farman los días 19, 20 y 22, pero fueron vuelos de poco tiempo en donde realizó comprobación de su avión, encontrando dificultades para hacer altura. Para entonces, en la competencia solo quedaban dos aviadores, el peruano Jorge Chávez y el norteamericano Charles Weymann debido a que los aviadores Vicente Wincziers, Bartolomé Cattaneo y Marcelo Paillette, que se habían limitado a hacer recorridos por tierra de la ruta y observaciones de las condiciones meteorológicas, desistieron de continuar en la tentativa y se retiraron de la competencia.

Ahora que ya hemos visto todo lo relacionado a los preparativos para la competencia, el logro del récord de altura por Jorge Chávez, su intento de cruce de los Alpes el 19 de septiembre de 1910, llegamos al día en que la páginas de la historia de la aviación registran un hecho de gran importancia realizado por un joven peruano de escasos 23 años, quien demostró en todo momento una gran valentía acompañada de una férrea y segura decisión, al empeñarse en trasponer los imponentes Alpes en un medio aéreo mas pesado que el aire y abrir así la primera ruta aérea entre Suiza e Italia. Los peligros, que esta travesía encerraban, eran grandes. Si establecieramos una comparación con los riesgos presentados en el cruce del Canal de la Mancha, estamos seguros que nos inclinaríamos por decir que la de los Alpes entrañaba mucho mas peligro por las condiciones meteorológicas a las cuales se tenía que enfrentar, las bajas temperatura, los fuertes vientos y las grandes turbulencias que existenten en la ruta, ademas de las elevadas cumbres, escarpadas pendientes rocosas y quebradas que tenían que sobrevolarse, lugares en donde no se daban posibilidades para un retorno o para efectuar un aterrizaje de emergencia.Veamos entonces como fue la realización de la hazaña del cruce de los Alpes.

Archivo Multimedia: La Travesía de los Alpes

   
  Anterior 5 de 7 Siguiente