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La Travesía de los Alpes: Obtención del Record de Altura

chavezDespués de haber realizado su última competencia en Lanark, Escocia, el aviador Jorge Chávez decidió cancelar otros compromisos aéreos, para dedicarse a la realización de vuelos de altura que se requerirían para el reto del cruce de los Alpes. Es así que el joven aviador peruano, en preparación para la gran travesía de los Alpes, a realizarse en la ruta de Briga, comuna Suiza del Cantón de Valais, al punto de destino final en Milán, Italia, con escala en Domodossola, ciudad italiana en la región del Piamonte, realizó un vuelo de altura el 8 de Septiembre de 1910, en Issy-Les-Moulineaux, en las proximidades de París, en el monoplano Bleriot XI, que recientemente había adquirido y modificado, batiendo el récord mundial de altura al registrar la marca extraordinaria de 2,652 metros, altura impresionante para la época, la misma que fue reconocida oficialmente, siendo por ello ampliamente felicitado.

Los diarios de París anunciaron a grandes titulares que el 8 de Septiembre de 1910 el aviador peruano Jorge Chávez había batido el récord mundial de altura, en un magnífico vuelo, alcanzando 2,652 metros sobre la capital de Francia, a bordo de su Nuevo Bleriot XI y durante la prueba de funcionamiento del mismo. Con esta altura alcanzada superó el récord que había obtenido, cinco días antes, el aviador León Morane, el 3 de septiembre de 1910, volando también en un avión Bleriot, registrando una marca de 2,582 metros de altura.

El relato que Jorge Chávez efectuó luego de haber obtenido el récord de altura en preparación para la travesía de los Alpes, fue el siguiente:

chavez "Después de haber estudiado el desarrollo de la travesía de los Alpes, para la que me he comprometido, he juzgado indispensable prepararme para la ascensión a grandes alturas, porque el punto culminante de la travesía que voy a realizar es de 2,100 metros y hasta hoy sólo he subido 1,764 (Se refería al cruce de los Alpes), por eso he pensado que la mejor preparación era batir el récord de altura que Morane había alcanzado en Deauville.
El domingo ensayé mi nuevo Bleriot, y como ayer el tiempo se pusiera al fin bueno, hallé la ocasión propicia para llevar mis vestidos acolchados y mi barómetro registrador más allá del ápice de las aves. A las cuatro y media soplaba el viento con violencia extraordinaria, pero entre dos grandes masas de nubes se divisaba una hermosa extensión azul y más allá la inmensidad del cielo. Arturo (Arturo Duray, el antiguo "chauffeur" de carreras, mi manager) me dice: "Hijo mío, hay que aprovechar el tiempo tan hermoso", y hace llevar el aparato al terreno por Mazerán. Allí mi mecánico coloca un poco de gasolina, agita dos veces la hélice y el motor resuena como una turbina. Levanto los brazos, que es el "dejad todo" de los aviadores, y encamino hacia el cielo. Son las cuatro y cuarentiún minutos".

"Doy dos o tres grandes vueltas por encima de Issy; después, como la hermosa mancha azul va a merced del viento, en dirección a Versalles, me pongo a perseguirla. Llego pronto a su altura; me elevo más aún.”

“El frío es intensísimo. Estoy a 2,500 metros. Unos golpes de motor más y venceré el récord de Morane. Siento un punto húmedo en la punta de mi nariz; me asusto un momento, porque no he subido nunca en globo e ignoro cuales son las sensaciones que se experimentan en las altas regiones. ¿Habría sido conveniente que llevase un balón de oxígeno? Acordándome que cuando Morane subió hasta 2,500 metros arrojó un poco de sangre por la nariz, llevé a ella mi mano. ¡No era sangre! Era ligeramente un catarro, agravado durante el ascenso. Sin duda, una corriente de aire, recibida al pasar por la hermosa mancha azulada ¡Uf! Al fin, me siento seguro.”

“Me siento feliz también, porqué mi barómetro indica que he subido a más de 2,600 metros. He batido el récord! Treintiseis minutos exactos han pasado desde que dejé la superficie de la tierra y por la gran mancha azul, que es ya amiga mía, diviso, ¡oh, muy poco, desgraciadamente! El palacio del Rey Sol. Creo encontrarme a la altura de Ville d’Avray. Desciendo rápidamente; por encima de Naudon veo un dirigible del ejército, que en ese momento partía. Veo a los soldados que levantan los brazos en signo de alegría; y, seis minutos después de haber batido el récord, cuarentidos minutos después de mi partida, alcanzo tierra en Issy, envuelto en fuertes remolinos, después de haber flotado allá arriba en medio de la más absoluta calma."

Ante los grandes progresos que se habían producido en la actividad aérea, los Comisarios de la Travesía de los Alpes, propusieron a algunos de los aviadores triunfantes en las diferentes competencias, efectuar el recorrido terrestre juntos, para fijar los requerimientos en la organización del gran evento de los Alpes. Chávez no se hizo esperar y respondió de inmediato aceptando la invitación de los Comisarios y así poder reafirmar su decisión de tomar parte en la gran travesía.
Respecto a los triunfos obtenidos en Europa, tanto por Jorge Chávez cómo por Juan Bielovucic, ambos compatriotas peruanos, generaron un amplio sentimiento de orgullo nacional en el Perú. Los diarios de Lima, desplegando grandes titulares en sus primeras planas, resaltaron los logros obtenidos por los jovenes pilotos peruanos en Europa, dejando muy en alto el nombre del Perú y destacándolo como uno de los países pioneros en la naciente aviación mundial.

Las cámaras legislativas del Perú enviaron a ambos pilotos efusivas manifestaciones de aliento y felicitación y el diario La Prensa de Lima envió a Chávez un telegrama de felicitación que éste, de inmediato, dio respuesta de la siguiente manera:

“La Prensa. Lima, 10 de Septiembre de 1910. Agradezco compatriotas. No pierdo vista servicios aviación prestará Patria. Firmado, Chávez.”

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